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La fábrica sin rostros

La transición de Hollywood de los cuerpos a las marcas y las franquicias
The Industrial Stage
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El cine no ha perdido a sus héroes. Simplemente los ha sustituido. No por mejores actores, sino por mejores marcas. La estrella de acción no ha desaparecido; simplemente se ha vuelto económicamente superflua.

La antigua economía del cuerpo

La estrella de acción clásica era un producto industrial. Los estudios invertían durante años en figuras individuales, construían narrativas a su alrededor y transformaban su presencia física en capital. Un nombre podía sostener un proyecto entero. Arnold Schwarzenegger o Sylvester Stallone no eran intérpretes intercambiables, sino núcleos de marca autónomos. Su cuerpo no era un elemento decorativo, sino un argumento de venta. El riesgo recaía en la persona — y precisamente por eso la inversión valía la pena. Quien lograba establecer una estrella aseguraba una franquicia vinculada no a una sola historia, sino a una personalidad.

El desplazamiento hacia la marca

Hoy ocurre lo contrario. No son los intérpretes, sino la propiedad intelectual la que hace exitoso a un filme. Las películas de superhéroes, las adaptaciones de videojuegos y los universos seriales forman la base económica estable. Dentro de estas estructuras, los actores pueden ser reemplazados con facilidad. El personaje permanece; el rostro cambia. Para los estudios, esto es racional: una marca consolidada reduce el riesgo, mientras que construir una nueva estrella requiere años de inversión sin garantía. Existen excepciones como Tom Cruise o Ryan Reynolds, que aún poseen poder estelar, pero incluso ellos operan a menudo dentro de franquicias. La tendencia es clara: la industria ha pasado de apostar por personas a apostar por la seguridad de las marcas. La estrella ya no es el fundamento, sino solo la superficie dentro de un sistema mayor.

Streaming y la devaluación del individuo

Este desarrollo se ha acelerado con las plataformas de streaming. Su modelo se basa en la cantidad y la disponibilidad permanente, no en la singularidad icónica. Un solo intérprete construido durante años no encaja en una economía que exige nuevos contenidos cada mes. La visibilidad surge de los algoritmos, no del dominio carismático. El sistema favorece rostros escalables en lugar de iconos inconfundibles. Un héroe de acción singular es demasiado lento para una industria diseñada para el suministro continuo y la atención permanente.

Producción de estrellas externalizada

Al mismo tiempo, la formación de estrellas se ha desplazado hacia el exterior. El alcance surge hoy en las plataformas y ya no principalmente en los estudios. Quien ya posee millones de seguidores aporta una audiencia preparada y reduce considerablemente el riesgo de marketing. Hollywood ya no descubre a la estrella por sí mismo; licencia la atención. Los papeles cinematográficos funcionan cada vez más como amplificadores de marcas existentes en lugar de ser el origen de nuevas carreras. La actuación sirve para ampliar una presencia pública ya consolidada. Lo decisivo ya no es el desarrollo de una personalidad a lo largo de varias películas, sino la convertibilidad inmediata del alcance en ingresos. La visibilidad se convierte en un requisito previo, ya no en el resultado del trabajo de los estudios.

El cuerpo como efecto

Dentro de esta estructura, el cuerpo extremo sigue siendo un atractivo visual, pero ya no un instrumento de poder. Las fisicidades excepcionales generan atención, pero rara vez contribuyen a una economía cinematográfica a largo plazo. Lo que antes constituía la base del surgimiento de las estrellas es hoy capital visual suplementario. Los efectos digitales pueden simular la fuerza, las franquicias pueden reemplazar rostros e incluso una fisicidad espectacular puede reproducirse técnicamente. Como resultado, la estrella de acción se convierte en un efecto especial entre muchos. Su presencia genera visibilidad, pero no dependencia estructural para los estudios. El cuerpo ya no es el centro económico del cine. Hollywood ya no lo necesita — solo su imagen.

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