HYPERMADE LIFESTYLE MAGAZINE

Comentario
Del peluche a la personalidad

El futuro silencioso de un compañero familiar
From comfort object to quiet companion
Profilbild von Michael JankeMichael Janke
ESCUCHAR EL ARTÍCULO
0:00 / 0:00
 

Por ahora, el peluche clásico suele permanecer mudo sobre el sofá o en la cabecera de la cama. Pero mientras las máquinas aprenden a hablar, también el papel de estos objetos familiares que han acompañado a las personas durante generaciones empieza a transformarse gradualmente.

Un ser familiar

Un peluche siempre ha sido más que un simple juguete. Ha sido oyente, superficie de proyección y fuente de consuelo en horas solitarias o difíciles, para personas de todas las edades. Su efecto nunca se basó únicamente en su función, sino en su silenciosa presencia. Precisamente porque no exigía nada, podía acoger mucho. En esa fiabilidad residía su verdadera fuerza. Quien conservaba un ser así conservaba a menudo también un fragmento de infancia y de continuidad emocional. Pero este silencio, durante mucho tiempo considerado algo natural, comienza ahora a transformarse poco a poco.

La voz en la habitación

Con el desarrollo de una inteligencia artificial capaz de hablar, la relación entre el ser humano y el objeto está cambiando de manera fundamental. Los dispositivos ya no reaccionan solo a órdenes, también responden. La pantalla pierde importancia, mientras la voz y la presencia física pasan al primer plano. Un objeto en la habitación que reacciona ocasionalmente se percibe de forma distinta a una aplicación en el teléfono móvil. No es una herramienta, sino una presencia. Un peluche que de vez en cuando habla e interactúa con su propietario parecería por tanto menos tecnología y más la extensión de un interlocutor familiar.

Menos función, más presencia

El verdadero cambio no residiría en nuevas funciones. Un ser así no tendría que explicar, organizar ni controlar nada. Bastaría con reaccionar de vez en cuando. Una frase breve, un comentario suave o incluso solo una señal de atención serían suficientes. Precisamente esa contención sería decisiva. Una comunicación permanente resultaría molesta, porque el significado surge de la rareza. El objeto no se convertiría en un interlocutor, sino en una forma de acompañamiento discreto.

Una respuesta a la soledad

En una sociedad cada vez más individualizada, esta perspectiva gana peso. Los dispositivos tecnológicos son omnipresentes, pero rara vez generan cercanía. Lo que falta no es información, sino presencia. Un objeto capaz de percibir y reaccionar podría crear una forma sutil de acompañamiento, no como sustituto de las relaciones humanas, sino como una tranquila ampliación de la vida cotidiana. Precisamente la apariencia de un peluche haría creíble esta evolución. Desde hace décadas forma parte de los espacios privados y de las rutinas emocionales.

La cautela de los fabricantes

Resulta llamativo lo cautelosas que se muestran muchas empresas tradicionales ante estas nuevas posibilidades. Mientras las corporaciones tecnológicas trabajan en asistentes con capacidad de habla, los fabricantes clásicos permanecen fieles a lo conocido. En partes de Asia, especialmente en China, ya se ha avanzado más. Allí, las primeras figuras de peluche y compañía con inteligencia artificial llevan tiempo probándose e integrándose en la vida cotidiana, de forma silenciosa y casi incidental. Las marcas europeas, en cambio, dudan. La combinación de objetos cargados de emoción con tecnología inteligente sigue pareciéndoles arriesgada. Un ser que escucha y está disponible en todo momento podría simular cercanía social y desplazar así la frontera entre el vínculo real y el artificial. El manejo responsable de los datos personales y de las conversaciones sensibles tampoco está aún claramente resuelto.

Un nuevo desarrollo

Los peluches con voz propia aún son poco comunes. Sin embargo, las condiciones para su existencia ya están dadas. La inteligencia artificial puede escuchar, responder y adaptarse. La tecnología es ahora pequeña y discreta. Sobre todo, crece la necesidad de una compañía silenciosa. Precisamente por ello surge aquí una nueva categoría: cosas con una personalidad mínima que no son ni juguete ni máquina. Para los niños de los próximos años, este desarrollo probablemente será algo natural. Crecerán con seres que reaccionan y responden ocasionalmente. Lo que hoy todavía parece inusual podría llegar a ser para ellos tan normal como lo fue en su día el peluche mudo sobre la almohada.

Añadir comentario

Comentarios

HYPERMADE LIFESTYLE MAGAZINE
Plataforma de Gestión del Consentimiento de Real Cookie Banner